Cuando tenemos niños pequeños y nos apasionan los grandes viajes nos surgen muchas dudas sobre si es lo más adecuado para ellos.
Para aclarar estas dudas me voy a centrar en unas necesidades que a mi modo de ver no debemos perder de vista vayamos a donde vayamos: seguridad afectiva, descanso y momentos de juego y exploración.
Seguridad afectiva

Los niños pequeños precisan en todo momento la presencia y disponibilidad de sus figuras de apego, normalmente la mamá o el papá. Y digo disponibilidad porque no vale sólo con que estén, sino que han de estar disponibles para responder las demandas del pequeño.
A menudo escucho decir: ¿y tan lejos os vais a ir con el peque?
A el niño no le importa estar jugando en su barrio o en la muralla China, si su padre o madre están a su lado.
Otra cosa que debemos de tener en cuenta es cómo los adultos van a vivir el viaje, porque si les supone mucho estrés y preocupación lo trasladarán sin darse cuenta al pequeño, que lo vivirá con ansiedad y conseguirá (ya sabéis, son expertos en eso) hacer perder los nervios a todo el que lo rodee.
Por lo tanto viajar, sea donde sea, no es ningún problema si los adultos lo viven con normalidad.
Descanso
Este punto es muy importante. Si nosotros, los adultos, nos mostramos muy sensibles cuando hemos pasado una mala noche, los peques con más razón (ellos no han elegido irse de viaje). Creo que es muy importante mantener las rutinas de descanso de los más pequeños para que duerman las horas que necesitan y a la hora que lo necesitan.
Nosotros, los primeros viajes, siempre procurábamos ir al alojamiento en las horas de siesta de mediodía y retirarnos pronto por las noches. De esa manera, no se alteran sus ritmos y ellos responden mejor a las actividades diurnas.
Juego y movimiento
El juego es la manera que tienen los niños de comprender el mundo que les rodea. En los primeros años precisan de mucho movimiento, su acciones son su pensamiento, se expresan y aprenden mediante el cuerpo.
Por lo tanto, mucho cuidado con reprimir demasiado su movimiento (demasiadas horas sentados, intentar «entretenerlos» con dispositivos digitales…), pues se puede volver en nuestra contra en poco tiempo.
En otro post me detendré en este punto, pues últimamente veo muchos bebés pegados a dispositivos digitales.
Sólo decir que en cualquier parte del mundo hay piedras donde subirse, patos a los que echar pan, fuentes en las que jugar, playas en las que bañarse… oportunidades de exploración sensorial tan importante en los primeros años. Una vez saciada su necesidad de movimiento, accederán fácilmente a ir un rato sentados o entrar en un lugar más tranquilo (museo, restaurante…).

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