Sé que el tema de la comida y los niños preocupa a muchas familias. En más de una ocasión ,me han comentado: «Mi hijo no come nada, si me fuera a esos países que vais vosotros se pasaría 20 días sin probar bocado».
En nuestro caso el tema de la comida no nos preocupa demasiado. De hecho, es la parte de los viajes que más disfrutamos. Elegir el sitio, ver una carta en la que no entendemos nada, mirar lo que tienen los demás y señalarlo… Y pienso que la clave está precisamente ahí, en cómo vive el adulto el momento de comer. Los niños observan todos nuestros comportamientos y los imitan.
La comida está directamente relacionada con el afecto. Yo diría que los primeros tres años de vida son determinantes en la relación que un niño o niña establece con la comida.
Nosotros en particular nunca le hemos dado mucha importancia a que más de un día no haya querido comer algo que no le apeteciera. Pero no le hemos ofrecido otra cosa a cambio ni hemos montado en cólera por ello.
«Bueno, pues hoy hay guisantes, si no quieres no pasa nada, ya merendarás luego».
Nuestro peque ha ido viendo que con ese tema no perdemos mucho tiempo ni energía. O come lo que hay o a esperar a la siguiente comida del día. En la mesa no se discute, porque los demás queremos comer tranquilos.
El primer viaje que hicimos (a Sicilia) metimos en la maleta el robot de hacer purés. Amets tenía siete meses, íbamos a estar fuera 15 días y no pensábamos alimentarlo a base de potitos de farmacia. Creo que en toda su vida habrá comido a lo sumo 10 potitos envasados. Comprábamos fruta, verduras, carne o pescado, enchufábamos la máquina en el hotel y todos los días tenía alimentos naturales.

Al año siguiente, con año y medio, ya podía comer de todo. En todas las cartas encontrábamos alguna sopa, pasta, pescado, verdura… que pudieran ser de su agrado.
Hoy en día, con 8 años, quizá pone más pegas que entonces a muchos alimentos. Pero tiene muy claro que en cada país, restaurante o casa donde nos alojamos comemos lo que nos ofrecen. Lo prueba, y si no le gusta ya buscaremos después algún súper tipo 7eleven donde comprar algún yogurt, fruta, sandwich o algo así. Pero sin montar números. Espera pacientemente, y si tiene mucha hambre se come lo que nos pongan. En Japón comió hasta sushi, pues fue un momento divertido en familia y quiso hacerse el valiente.
Por lo tanto, si vuestro hijo no come y os preocupa salir de viaje con él, os dejo unas ideas a modo de reflexión, a ver si os sirve alguna:
- Observad qué ocurre en vuestra casa a la hora de comer: ¿estamos relajados, hablando de otras cosas o sólo pendientes de que el peque se termine lo que hay en su plato?
- Hay que tener claro que el niño necesita más nuestro afecto que la comida. No pasa nada por que coma más o menos cantidad, pero su estabilidad emocional es muy importante. Muchas veces la razón de que un niño se alimente mal es, precisamente, que haciendo eso consigue tenerte más tiempo a su lado, consigue tu atención.
- Olvidarse de chantajes, premios y castigos. La comida no ha de vivirse como un momento tenso, sino como una oportunidad de estar juntos y contarse cosas. Intentad que en la mesa no se discuta constantemente (come, límpiate, date prisa, bocados más grandes…), procurad crear un momento de comunicación privilegiado (¿a qué has jugado hoy en el cole? ¿qué ha sido lo más divertido? ¿y lo más difícil?).
- Podéis establecer unos tiempos, y cuando el tiempo se haya terminado, a otra cosa. Pero sin rencores ni enfados. Ningún niño pasa hambre estando la nevera llena.
- Dejad de lado televisores, móviles, u otros entretenimientos o engaños. El niño ha de ser consciente de que está comiendo, no comer sin darse cuenta. Cada cosa en su momento.
- Desde muy pequeño puede comer sin ayuda, le encantará ser autónomo con su cuchara, vaso, servilleta… Aunque se ensucie un poco y se le caigan las cosas al principio.
- Y siempre, siempre, refuerzo positivo. Para que un niño haga un avance en cualquier ámbito de su desarrollo (autonomía, esfínteres, sueño, tareas…) vale más hablarle de lo que ya sabe y ya hace, que de lo que no. Más vale decirle: «muy bien,hoy has probado las verduras», que «no comes nada, sólo has comido una cucharada». Intentemos dar mensajes que construyan, no que destruyan. (Sé que es difícil, pues vivimos en una sociedad más acostumbrada a criticar que a reconocer, pero si todos lo intentamos seremos un poco más felices).
Yo pienso que si se le quita hierro a asunto, la cosa empezará a cambiar. Podréis disfrutar en familia en cualquier restaurante del mundo, aunque apenas coma cuatro cucharadas. Seguro que no necesita mucho más para pasar el día.
Al menos a nosotros nos funciona.

¡Ánimo y ya me contaréis!¡Buen provecho!On egin!
Deja una respuesta