
La mayoría de la gente se muestra entusiasmada al escuchar nuestras andanzas con el peque a lo largo y ancho del mundo. Pero muchas veces percibo ciertos gestos, dudas, inocentes preguntas… que me hacen cuestionarme ¿estaremos siendo temerarios? ¿exponemos demasiado la salud y seguridad de nuestro hijo llevándolo a lugares tan lejanos?
Todas mis reflexiones me llevan siempre a estar tranquila y desechar esos pensamientos. El día a día está lleno de peligros y situaciones que pueden truncar tu vida, y nunca sabes dónde ni cuándo te asaltarán.
Si vives pensando en los peligros, no disfrutas de su ausencia.
Aún y así, viajando con niños pequeños no está de más tomar ciertas precauciones:
- Informarse de enfermedades y vacunas del país al que se viaja. Nosotros, hasta la fecha, no hemos vacunado a nuestro hijo, hemos preferido evitar países o zonas de riesgo. El mundo es muy grande, hay donde elegir.
- Informarse sobre la seguridad: por donde moverse, qué zonas evitar. Aunque viajamos a nuestro aire procuramos volvernos a los hoteles a horas prudentes, y si nos pilla a deshoras coger transportes privados, aunque sean más caros.
- Hablar con ellos sobre posibles situaciones para que sepan cómo actuar: si se pierden, si se separan en el metro y por lo que sea unos se montan y otros no (se lo sabe de memoria: si nos montamos nosotros y él no, se sienta y espera que volvamos; si se monta él y nosotros no, se baja en la siguiente estación).
- Llevar un buen botiquín: yo todos los años acudo al médico y me receta algún antibiótico, cremas antibióticas, y cosas similares. Muchas de las zonas que visitamos suelen estar lejos de cualquier hospital. Eso sí, siempre llevamos un buen seguro médico.
- Informarse sobre el clima: si queremos que el peque se aficione a esto de viajar, intentemos no hacerle pasar muchas penurias. Llevar crema solar, visera, calzado cómodo, ropa adecuada al frío (a veces en un país cálido se va a hacer un trekking nocturno…), … También evitamos largas caminatas en las horas de más calor, hidratarnos a menudo…En fin, viajamos con lo mínimo necesario pero garantizando el confort y seguridad de toda la familia.
- Tener cuidado con la higiene de las comidas y bebidas.
Sabemos que en un gran viaje existen ciertos riesgos, y los asumimos.

Puedo comprender a las familias que se preocupan constantemente por la salud de sus hijos, por su confort, que temen que se aburran, que enfermen, que se cansen demasiado, que pasen frío, etc.

Pero también creo firmemente que si vivimos así de preocupados e intentamos protegerlos de todo (actitud temerosa) nos volvemos temerarios. Porque esa sobre protección tiene consecuencias muy serias en el desarrollo de nuestros hijos: niños con excesivo miedo a mancharse o hacerse daño, apagados, que se muestran apáticos o aburridos, que no saben pensar ni actuar por sí mismos… en definitiva, niños que han perdido lo esencial en un niño: la curiosidad y alegría de experimentar y descubrir el mundo.
Yo aún mantengo intactas ambas cualidades, ¿y vosotros?
(Adjunto definición de ambos términos, por si mi reflexión de hoy resulta algo liosa.
Según la RAE:
Temeroso: Que recela un daño.
Temerario: Excesivamente imprudente, arrostando peligros.)
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