Nuestra semana de esquí en Austria da para mucho.
El segundo día el parte meteorológico es muy desfavorable para subir a pistas, así que decidimos acercarnos a la ciudad de mi amado Mozart.
Paramos en un punto de información en las afueras y decidimos comprar la SalzburgCard. Así, podemos olvidarnos del coche y usar transporte público. Además, puedes entrar a diferentes museos, y con el frío que hace parece el mejor plan.
Lo primero que hacemos es entrar en la fábrica de cerveza Stiegl, que nos entretiene más de lo esperado. La verdad es que merece la pena, te dan a probar diferentes cervezas, te regalan una taza… ¡y estás a cubierto!
Salimos con más calor y euforia de la que entramos, y un bus público nos acerca al centro. Nos encantan sus callejuelas.
Entramos a la casa de Mozart, experiencia inolvidable para una pianista aficionada como yo.



Después, con una inexplicable sensación de melancolía que nos deja el paseo por el s.XVIII, tomamos el funicular al castillo. Las vistas desde arriba son impresionantes. Además, con la nieve recién caída es de postal.
Congelados una vez más, cogemos un autobús que nos acerca a la cervecería de Augustiner. Es un gran edificio donde coges tus jarras de cerveza y compras comida en diferentes puestos, como si fuera un mercado. Luego te sientas en grandes mesas a disfrutar del festín. ¡La gente local llevaba tupperware de su casa!


Así termina nuestra visita relámpago a Salzburgo, volveremos con menos frío.
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