A muchas familias les preocupa de embarcarse en un largo viaje con niños pequeños por las horas de vuelo.¿Aguantará el peque 8, 10, 12 horas sentado?Mi respuesta siempre es: las aguanta mejor que yo. No sé si es el niño en concreto o es generalizable. Pero os aseguro que a mí se me hace mucho más pesado un vuelo largo que a mi hijo.
Desde que era bebé ha volado, y nunca ha sufrido de oídos, ni ha llorado sin motivo aparente. Es verdad que hasta los tres años los vuelos han sido europeos. Pero su primer vuelo transoceánico a Costa Rica fue igual o mejor que los europeos.
Piensa que para ellos es más fácil coger postura, y una vez que se duermen lo hacen del tirón. Si el vuelo es nocturno, ni notarás que el peque viaja contigo: despegue, cena, a dormir, desayuno… ¡hemos llegado! Y nosotros ahí, removiéndonos en el asiento intentando estar cómodos para dormir al menos media hora.
Si tu hijo o hija es paciente y se entretiene con facilidad, no tendrás problema en ir a cualquier sitio. Pero, lógicamente, su paciencia hay que cultivarla. Tiene que aprender a esperar, y no vivir en una sucesión de estímulos constantes (pantallas, juguetes interactivos, atracciones, actividades que se suceden).
El mío, desde pequeñito, se ha fijado en cómo la gente se monta y coloca sus maletas, en las explicaciones de las azafatas, la comida que nos ponen, se da un paseo al baño… Siempre le hemos explicado lo que está pasando, para qué es cada cosa y hemos respondido a sus preguntas.

También solemos llevar cuentos, cartas o algún juego de mesa, y ahora que ya es más mayor puede ver películas en las pantallas individuales. Pero le solemos explicar que sacaremos los juegos cuando hayan terminado las explicaciones o hayan recogido las bandejas. O cuando hayamos echado una siesta. Así, aprende a esperar, y en esas esperas que a veces serán aburridas se fijará en las cosas que suceden a su alrededor.
Lo importante es que el adulto que está a su lado esté tranquilo, le explique lo que va pasando, y le haga disfrutar del momento. No hay que volverse loco buscando entretenimientos infantiles. Para ellos la realidad ya es bastante estimulante si les ayudamos a descubrirla, si les ofrecemos tiempos de aburrimiento en los que fijarse y aprender de su entorno.

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