En esta segunda etapa visitamos uno de los lugares estrella del viaje: Schlögen. A la altura de este pueblecito el Danubio forma un meandro, y las vistas desde el cercano mirador son imprescindibles.
Cometemos un par de errores de planificación de la etapa que nos hacen tener que tomar tres barcos (y pagarlos, claro). Pero esto nos sirve para, en días posteriores, fijarnos bien en los lugares en los que hay puentes y barcos para optimizar el recorrido.

Al salir de Wesenufer decidimos cruzar en el puente a la orilla norte, ya que la vía sur transcurre por una carretera alejada del río y con mucho tráfico. Al llegar a Schlögen (30min) descubrimos que para ir al mirador hay que volver a cruzar al sur. Nos acercamos a la parada de barco, donde por 2'50 cada adulto y 1'50 el niño tomamos nuestro primer taxi del Danubio.

Nada más cruzar atamos las bicis (confiando en la bondad austríaca para con nuestras alforjas y lo que albergan), y echamos a andar monte arriba. El mirador está bien señalizado, es una caminata de unos 20-25 minutos cuesta arriba. Una vez arriba, fotos y más fotos. Precioso.

Mirador Schlögen
Toca seguir, aún quedan muchos kms por delante. Este tramo está muy pero que muy concurrido, hay montones de ciclistas por todo, la mayoría personas de avanzada edad que te adelantan en sus bicis eléctricas. Después iremos descubriendo que hay cruceros en los que la gente viaja con sus bicis y se bajan a hacer los tramos más bonitos o cómodos, como éste.
En Kobling decidimos volver a la orilla norte, donde parece que hay un antiguo silo que merece visitar. Volvemos a embarcar y a pagar los 10 euros, lo cual es un gran error. El silo no tiene gran interés, y a pocos kilómetros, en Untermühl, la vía ciclista desaparece y hay que volver a tomar un barco que salva el acantilado sólo accesible a pie. Esta vez la travesía es más cara, 4 y 2'50 euros adultos/niño.
CONSEJO: desde Schlögen pedalea por la orilla sur hasta Aschach u Ottensheim donde podrás cruzar gratis el puente a la orilla norte.
Aprovechamos el desconcierto para parar a almorzar en un bar una salchicha con patatas.
El siguiente tramo se separa bastante del río, pero a mí personalmente me encantó. Te adentras en pueblos de agricultores y pedaleas por carreteras apenas transitadas entre campos de maíz y otros cultivos. Si prefieres río, esta etapa es mejor hacerla por el sur.


Parada de avituallamiento en Feldkirchen
Cuando la ruta vuelve al río, decubrimos un lugar que merece la pena tener en cuenta si viajas con niños: Los lagos Feldkirchner.
Una zona recreativa donde poder darse un buen chapuzón en sus lagos artificiales, o donde pasear, hacer picnic o cable-ski. En nuestro caso, se va haciendo tarde y el día tampoco es muy caluroso así que, con pena, seguimos avanzando hacia Linz.
La última parada, esta vez por encontrarnos un parque con una tirolina irresistible, es en Ottensheim.

Los barriles del fondo son las habitaciones al aire libre del hotel Dasparkhotel. Opción perfecta para familias viajeras. A sus pies, un enorme parque con estructuras y toboganes muy apetecibles para l@s peques de la casa.
Agotados, recorremos los últimos kilómetros. Por fin, a lo lejos, atisbamos Linz. Nuestro Airbnb espera.
El cuentakilómetros ya marca 73kms, 10 más de lo que habíamos calculado.
Y a esto hay que sumarle la subida y bajada del mirador de Schlögen. Esta etapa ha sido demasiado larga. Ya no queda tiempo ni fuerzas para visitar Linz, y es una pena. Al salir a cenar, descubrimos que es mucho más animada que otras localidades que hemos visto hasta ahora.

Llegada a Linz
Si tienes días suficientes, es mejor planear etapas más cortas para tener tiempo de hacer paradas y disfrutar de las visitas: baños en lagos, visitas a pueblos, ciudades como Linz...
Incluso recomiendo descansar alguna jornada de la bici.
Linz hubiera sido un buen lugar para ello, tendremos que volver.

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